El Duelo: Mis Emociones ante la Muerte de un Ser Querido.

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La muerte de un ser querido abre las puertas de un mundo completamente nuevo ya que afrontamos un presente sin esa a quien tanto hemos querido y que siempre confiamos tenerla a nuestro lado, además de evocar aspectos emocionales muy profundos de nuestro Ser. Aprender a identificar estas emociones es un paso importante para poder superar nuestro torbellino psíquico y afrontar con mayor seguridad este duelo personal.

Tristeza.

La manera más directa de identificar que estamos tristes es por tener la sensación de querer llorar o porque lloramos con frecuencia. Lo cual se hace más frecuente ante un dolor tan profundo como la muerte de un ser querido. También expresamos tristeza al sentirnos desanimados, cansados buena parte del día sin motivo aparente, no deseamos ir a trabajar o ir a clases, perdemos el apetito, etc. Si estos hechos se presentan de manera aislada, podría indicarnos que es un sentimiento de tristeza episódica, pero cuando se experimenta un duelo personal, la tristeza logra establecerse por mucho más tiempo, pudiendo durar semanas y meses. Fechas festivas como navidad, cumpleaños o aniversarios que rememoren a nuestro ser querido, se convierten en un principio, en momentos de dolor por su ausencia.

Para superarla, es importante reconocer en qué momentos exactos se presenta la tristeza, qué pensamientos evoco cuando me siento triste, qué he dejado de hacer que antes me gustaba hacer, etc. Es importante contar con una persona con quien podamos expresar nuestros sentimientos, bien sea amistades o familiares de confianza e incluso con un psicoterapeuta, ya que éste, como profesional, podrá acompañarnos en este duelo personal y profesionalmente ayudarnos a resaltar nuestras potencialidades que evitarán que esta dolorosa pérdida transforme nuestra tristeza en una crónica depresión. Otras actividades que podemos realizar son las de hacer ejercicio físico, pasear con nuestra mascota, comer nuestro platillo favorito, compartir con familiares y amigos, practicar deportes, leer libros o ver películas divertidas que antes nos daba placer, escuchar música, etc Ciertamente estas actividades no harán que borremos el dolor que sentimos pero al obligarnos a hacerlas, evitaremos que nuestra mente y nuestro cuerpo se debiliten aún más y nos enfermemos físicamente.

Ver: DESCRIBIENDO MIS EMOCIONES

Rabia.

Consideramos que no es justo que nuestro ser querido haya muerto, una persona que ha logrado conquistar tanto amor en nosotros no merece morir y esta injusticia que nosotros percibimos de la vida genera mucha molestia hacia nosotros mismos y hacia los demás. Dudamos incluso de la existencia de Dios, porque si Él existiese, no hubiera permitido la muerte de esa persona especial para nosotros. Posterior a todos estos pensamientos, sobreviene por momentos un fuerte calor en el pecho, el estómago y la cabeza; tratamos de mala manera a las personas a nuestro alrededor sin ningún motivo aparente y la única manera que encontramos para expresar nuestra rabia es con gritos y peleas.

Esta Rabia en momentos de duelo, nos está indicando es que dentro de nosotros, nos sentimos abandonados, con mucha tristeza y frustración que no hemos querido aceptar y por lo tanto, no la hemos podido liberar. En momentos como estos, además por supuesto de la ayuda psicoterapéutica y el expresar nuestras emociones con alguien cercano, es viable tomar una almohada o un muñeco y golpearlos una y otra vez, constantemente, sin detenernos, hasta que sintamos que la rabia y la energía con la cual iniciamos esta actividad comienzan a disminuir notablemente. Al final, expulsada la rabia del momento podemos sentirnos libres para llorar y expresar todo el dolor que tenemos dentro de nosotros e iniciar así el proceso de sanación emocional.

Ver: MITOS SOBRE LA CONSULTA PSICOLÓGICA

Miedo.

Sobre todo si la muerte de un ser querido se generó de manera imprevisible (muerte por accidente, etc), nuestras inseguridades y temores se hacen mayores y comenzamos a temer incluso por nuestra vida o la de aquellos a quienes aún hoy tenemos cerca. Este temor se hace aún mayor, cuando quien muere es la persona pilar de la familia, porque empezamos a temer por el futuro, el cómo afrontaremos las cosas, nuestros compromisos, ya que quien ha sostenido emocional y/o económicamente la familia ya no está.

Hay que comprender que el miedo es natural y su expresión prepara instintivamente al individuo para atacar o huir. Debido a que en este caso, el miedo es producto de nuestra propia mente ante la pérdida de un ser querido y ante la ansiedad de cómo se afrontará el futuro, no es posible poder atacarlo directamente o huir de un lugar o de una persona. El factor que lo genera es psíquico, pero aun así, podemos afrontarlo en un principio, compartiendo más con nuestros seres cercanos mientras recuperamos la confianza en nosotros mismos, recordar los momentos felices que se convivió con esa persona especial que falleció y no en el cómo murió o el dolor que sufrió, afrontar directamente los asuntos pendientes o aquellos que nos causan preocupación, leer libros, escuchar audios de motivación, etc.

Ver: Mitos y Verdades sobre las Emociones

Culpa

Muchas veces pensamos que nosotros pudimos evitar la muerte de ese ser querido que falleció, que pudimos haberle hecho saber que lo queríamos si no nos hubiéramos dejado llevar por nuestro orgullo e incluso, que algún pensamiento o algo aislado que hemos hecho en el pasado tuvo el poder de generar la muerte de esta persona, aun cuando sabemos que no es así en ninguno de los tres casos. Pero el conocer la verdad no nos disipa este sentimiento de culpa que tenemos, por lo que, ya que no está esa persona para expresarle nuestro dolor o el amor que le profesamos.

En estos momentos, es aconsejable tomarnos un espacio de reflexión en un lugar tranquilo, donde encenderemos una vela blanca, mentalizándonos en que esa luz nos ayudará a aclarar nuestros sentimientos. Posteriormente tomaremos unas hojas blancas, donde escribiremos una carta dirigida a ese ser querido que ha muerto. Allí expresaremos todo lo que sentimos ahora, sin nada que nos quede por dentro, expresaremos todo lo que hubiésemos querido decirle en vida, le pediremos disculpas por alguna molestia que le causamos si ese el caso o le indicaremos lo valioso que seguirá por siempre para nosotros. Al final de redactar la carta, ya liberado todo lo que queríamos expresar, quemaremos la carta con la vela que encendimos al comenzar a escribir, manteniendo en mente a esa persona y visualizando que esa persona ha recibido con amor el mensaje que hemos expresado. Importante, al hacer esta dinámica, procure no tener ningún tipo de interrupciones ya que es un espacio íntimo y de confidencia con sus propias emociones. Por lo que la actividad no debe interrumpirse ni realizarse en momentos distintos. Se inicia una vez encienda la vela y se culmina al quemar la carta.

Es muy probables que experimentemos una o varias de estas emociones en un evento tan traumático como la muerte de un ser querido. Reflexiona en esto: ¿Acaso este ser querido que ahora no se encuentra contigo, desearía verte triste, molesto, con miedo o con culpa por su muerte? Seguramente tu respuesta será negativa.

Ver: LA MUERTE: Metamorfosis de Larva a Mariposa.

Recuerda que las emociones son expresiones de tu propia alma, así que vívelas, experiméntalas, permíteles expresarse ya que tienen mucho que decir sobre ti. Reprimirlas o negarlas podría generar un crecimiento crónico de estas emociones que degenerarán en enfermedades psíquicas o físicas. Habla siempre con personas de confianza sobre tus emociones e incluye entre estas personas a un psicólogo que pueda orientarte a ti y tu familia a superar este duelo interno.

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Que Dios bendiga tu camino y el de los tuyos.

Ψ Francisco Valero.

PsicoValero. 

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Un comentario en “El Duelo: Mis Emociones ante la Muerte de un Ser Querido.

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