Jung y el Cerebro Triuno

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Según Jung, el consciente, al parecer el sine qua non de la humanidad, es sólo la punta del iceberg. Bajo el consciente subyace un sustrato mucho más grande de recuerdos personales, sentimientos y comportamientos olvidados o reprimidos, que Jung denominó el Inconsciente Personal y debajo de ello, yace el profundo océano del Inconsciente Colectivo, enorme y ancestral, lleno de todas las imágenes y comportamientos que se han ido repitiendo una y mil veces a lo largo de la historia no sólo de la humanidad, sino de la vida misma.

Si el modelo de Jung parece difícil de aceptar, recuerde que incluso los hombres y mujeres actuales viven una parte muy pequeña de sus vidas de manera consciente. El biólogo y filósofo alemán del siglo XIX Ernst Haekel sostenía que el desarrollo de un individuo pasa por los mismos estadios que el desarrollo evolutivo de la especie, por lo que cada uno de nosotros lleva en gran parte del archivo de nuestra historia evolutiva dentro de la estructura del cuerpo.

MacLean es el generador del Modelo Triuno del Cerebro, en el cual presenta el cerebro que rodea al chasis neural como tres cerebros separados y superpuestos y cada uno representa una fase de la evolución, procedentes desde lo más ancestral hasta lo más reciente. Estos se caracterizan por lo siguiente:

    Ψ El Complejo R o Cerebro Reptiliano (desde los primeros reptiles hasta hace 250 millones de años). Juega un papel importante en la conducta agresiva, territorialidad, ritual y el establecimiento de jerarquías sociales.

  Ψ El Sistema Límbico o Cerebro Mamífero (surgió probablemente hace 150 millones de años). Controla principalmente nuestras emociones. Gobierna la conciencia social y las relaciones: pertenencia, cuidado, empatía, compasión y Preservación de grupo.

      Ψ El Neocortex o Cerebro Primate. (Con el surgir del humano) Más estimulado hacia los estímulos exteriores. Controla las funciones cerebrales más elevadas: razonamiento, deliberación y el lenguaje. Así como complejas tareas de percepción.

Es cuando pasamos al cerebro evolutivo más antiguo de los 3 (el Reptiliano), cuando empezamos a encontrarnos con un comportamiento interior más característico de la conciencia. La asociamos a una amoralidad que nos repele. Los reptiles son literalmente de sangre fría, un término que usamos para referirnos a una persona carente de calidez emocional. Sin embargo, gran parte de nuestras vidas siguen estando gobernadas por el cerebro reptiliano, ya que es éste quien nos impulsa a expandir nuestro territorio, etc. Cuanto el cerebro reptiliano es el que tiene el control, nos movemos por profundos y ancestrales instintos, pero instintos sobre los cuales tenemos cierto grado de control, como mínimo para adaptarlos a nuestro entorno.

Cuando el Sistema Límbico toma el mando y aparecen las emociones, nos despedimos de los reptiles. Como somos animales sociales, vivimos una parte mayor de nuestra vida consciente bajo el control del cerebro mamífero que de la conciencia primate determinada por el neocortex. Sin el sistema límbico no tendríamos grupos sociales de ningún tipo; el sexo nunca se habría desarrollado hasta llegar al amor; la curiosidad nunca habría pasado a la reverencia religiosa.

Con la aparición del Neocortex, el Cerebro Primate, el desarrollo de la conciencia se empieza a acelerar. Aparecen los seres humanos y a evolución biológica da paso a la evolución cultural. Incluso, las ciencias físicas, demuestran que aún contenemos una historia de nuestra herencia evolutiva en el cuerpo en general y también dentro de nuestra estructura neurológica.

Tenemos muchos problemas en aceptar que los humanos llevamos una rica herencia instintiva en nuestro interior, por lo que el concepto junguiano del Inconsciente Colectivo es un reconocimiento de que la historia ancestral todavía tiene una gran influencia sobre nuestras vidas.

Ψ Francisco Valero.        

PsicoValero. 

Tomado de Robin Robertson (2006). Introducción a la Psicología Junguiana.
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Un comentario en “Jung y el Cerebro Triuno

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